Hacia años me toco ver a un pequeño niño, lleno de inocencia y ternura, paseando por una tienda de mascotas en la antigua avenida morelos.. Tendría unos 70 centimetros de estatura, su cabellera castaña, corta y enchinada brillaba ante los rayos del astro rey, su sonrisa estaba marcada por la ausencia de un diente de leche, cosa que solo lo hacía ver más tierno ante la mirada constante de los adultos que lo rodeaban. Estaban su madre, Elvira, una jovencita no mayor a los 30 años aunque con una que otra arruga que no dejaba mentir sobre un pasado díficil. Su gesto era amable, en el que uno podía confiar sus secretos, abrirse y entablar una conversación. En sus manos no encontre argolla alguna, estaban desnudas y expuestas al caluroso día de verano, era de suponerse que se encontraba viviendo las penurias de educar a una criatura por sí sola, sin ese alguien que la acompañe en tan dificil tarea. La gente pasaba a su alrededor, los animales gruñian, graznaban y ladraban sin parar, una gota de sudor caía por su frente ante el agobio del sol, y a pesar de todo esto no quitaba la vista de ese pequeño escuincle que correteaba a tres pequeños gatos. Era impresionante su mirada, era acogedora y profunda, veía más allá de sus pequeñas manos, o de aquel lunar detras de la oreja, esa mirada abarcaba todos los sentidos, es la mirada de una madre que ha sido todo y será todo para ese pequeño aunque al final de cuentas el no lo entienda. La acompañaba una señora mayor, que uno presumiría sería su madre, en ella las arrugas eran mayores, la piel estaba marcada por lunares y marcas que solo la experiencia provee. Usaba unas gafas grandes, sus ojos eran parecidos a los de su hija, grandes y cafes, pero sin la mirada profunda. Irradiaba una onda de decepción, su posición de desden intimidaba, su amplia bolsa y pantalones entallados señalaban una juventud perdida, llena de metas inconclusas y sueños destruidos. Ahora estaba sufriendolo de nuevo, ante su imposibilidad de educar a su hija de diferente manera, cometió los mismos errores, un patrón que solo la ella pudo haber evitado y hoy son una loza más en la profundidad de su ser.
Yo simplemente era un empleado pero esta familia era de llamar la atención. Me acerque a ayudarlos y mostrarle al crío 3 pequeños gatitos, esos que son un reemplazo a hermano, a la soledad que le espera siendo hijo único, al desprecio de su abuela y las burlas en la escuela. Su inocencia era un templo, algo sagrado, defendido a capa y espada por su madre. Era la único que tenía y debía durar así el mayor tiempo posible. Sentí un escalofrío en mi columna viendo al niño sufriendo por tomar una decisión, si tan siquiera supiera lo importante que sería, si tan siquiera tuviera uso de razón, si tan siquiera tuviera un padre que lo acompañará y guiara, si supiera eso y más. Quien era yo para decirle cual escoger, quien era más que un reemplazo de de padre temporal, de esos que tendra miles, el que le enseñará a jugar cánicas, el que le recomiendo que celular comprar, el que le diga que es lo más rico de un menú, por mencionar alguno. Eran tres gatitos, dos hembras y un macho, no tendrían más de dos meses y acababan de ser separados de su madre. Se encontraban agitados, percibían la energía del niño y se alimentaban de la misma. Al rato de jugar con ellos llego el momento de la decisión, una decisión sin bien y mal, sin consecuencias graves, la decisión de una persona inocente. El niño balbuceo "Quiero el de la etiqueta". Quedamos atónitos, en mi persona no había explicación, aquellos gatos ni siquiera tenían collar, pero entro su madre, aquella era la única persona que lo entendía, le pregunto "¿Enseñanos cual tiene etiqueta querido?". El niño, en su inmensidad a comparación de los mininos, tomo al gato macho, lo puso de espaldas y afirmo "Ahí esta la etiqueta". Desde ese momento la palabra etiqueta tomo otro significado para mí, si tan siquiera pudiera ser tan inocente como aquel niño.
Mis queridos lectores, la imagen del día. En mis archivos encontre lo siguiente y no me quedo otra más que echarle coco a mi falta de inocencia. La paquetería se mueve mejor cuando va sobre mojado. Disfruten.